"El universo está hecho de historias, no átomos”, proclamó de forma notable la poeta Muriel Rukeyser. Las historias que nos contamos a nosotros mismos y a otros son la forma en que le damos sentido al mundo y a nuestro lugar en él. Algunas historias se vuelven tan inamovibles, tan omnipresentes que las interiorizamos al punto de no ver su calidad de historias - se vuelven no uno de los muchos lentes sobre la realidad, sino la realidad misma. Y poder pasar a través de ellas se vuelve exponencialmente difícil porque parte de nuestra perdición compartida como seres humanos es la convicción ciega en nuestro ego de que somos agentes autónomos actuando exclusivamente por nuestra propia voluntad, torciendo los ojos ante cualquier insinuación de que podemos estar influenciados por algo externo a nosotros mismos. Y sin embargo lo estamos - estamos infinitamente influenciados por estas historias que interiorizamos, historias que hemos oído y repetido tantas veces que se vuelven el fundamento invisible de la totalidad de nuestra experiencia de vida."
— Maria Popova, sobre el libro de F. S. Michaels “Monoculture: How One Story Is Changing Everything” via http://janefriedman.com/2011/12/16/12-must-read-articles-from-2011/
“Yo llamo conversar, aprovechando la etimología latina de esta palabra que significa dar vueltas juntos, al entrelazamiento del lenguajear y el emocionar que ocurre en el vivir humano en el lenguaje.
Más aún, mantengo que todo quehacer humano ocurre en el conversar, y que todas las actividades humanas se dan como distintos sistemas de conversaciones.
Es por esto que también mantengo que, en un sentido estricto, las culturas como modos de convivir humano […] son redes de conversaciones.
Y es también por esto mismo que mantengo que las distintas culturas humanas como distintos modos de convivencia humana, son distintas redes de conversaciones, y que una cultura se transforma en otra cuando cambia la red de conversaciones que la constituye y define.”