La creatividad es límite
No existe simplemente ser creativo. Sin contexto. No es lo mismo ser creativo “en el aire” que tener instrucciones específicas: “tome ese objeto y encuéntrele un uso creativo, y además tiene sólo veinte minutos”. Aun si no somos concientes de estos límites, en el momento en que encontramos una respuesta creativa, los límites estaban en el fondo, inconcientemente encauzando el flujo creativo. Es necesario replantear el significado de los límites, y darse cuenta que no son solo otro elemento necesario para la creatividad, sino que en un sentido profundo, son la justificación misma de la creatividad, son de dónde nace.
La creatividad es juego
Otro concepto que necesitamos replantear. Confundimos juego con falta de seriedad. Pero hay juegos muy serios. Si no, pregúntenle a los jugadores de futbol, a las estrellas de rock o a los actores (que juegan a ser otras personas) que ganan millones de dolares por sus juegos. El juego es la forma fundamental en que aprendemos lo seres humanos, en que buscamos lo nuevo, y en ningun momento la naturaleza pretendió que nos tomáramos en juego a los juegos. Está tan distorsionada nuestra visión del juego, que aquí podría sentirme obligado a explicarla diciendo “hay que volver a ser niños”, pero el creativo entiende que el juego es nuestro derecho natural, de cualquier raza, cultura o edad.
Si no juegas ¿Cómo pretendes sorprenderte a tí mismo? El misterio profundo de la creatividad es cómo sale de mí algo que no estaba allí antes. Sólo podemos soprendernos en ese estado “cómo si”.
La creatividad es replanteamiento
Esta idea justifica a las dos anteriores: la persona creativa entiende que todo el universo es dinámico, es flujo, es cambio. Lo estático es la ilusión. Montarse en la ola de esa transformación permanente, ya es de por si ser creativo. Y entre todas las cosas que crecen, que se modifican y evolucionan, está el lenguaje con el que está construido una (nuestra) cultura. ¿Por qué uno más uno tiene que ser dos? Es un ejemplo típico, pero hay que entenderlo como una actitud vital. La rebeldía, no comprometida con ninguna ideología (de hecho, las convicciones políticas y religiosas han sido el cáncer de la creatividad) sino solo porque sí. Solo porque si. Los creativos son adoradores de la diosa rebeldía, y no se atreven a cuestionarla. Eso significa que la creatividad también tiene mucho de fe. Fe en nuestra forma particular de rebeldía.
¿Entonces para ser creativo hay que convertirse en un paria social que vive en los extramuros? ¿Hay que vivir una vida de excesos y caos permanente? No necesariamente. Una persona creativa entiende, y tiene la confianza de que, así como es concebible encontrar inacabables soluciones creativas a un problema (como el de uno más uno), hay incontables formas de ser rebeldes: una para cada ser creativo. Desde la más pasiva a la más explosiva. Esto también nos vuelve extremadamente compasivos con nuestra propia forma de rebeldía y con la de los demás, y de paso, también con su forma de jugar (tengan la edad que tengan), y de paso, con su forma particular de entender y manejar las limitaciones que perciben en sus vidas.
Compasión sería la cuarta idea relacionada con la creatividad. Como para traicionar mi propia estructura.